Sábado, 11 de febrero de 2012
0.50% 0.07€
|
IBEX 35 8,797.10
-1.18% -105.00
El crecimiento del turismo en la Antártida (casi 50.000 visitas al año, según la Internacional Association of Antarctica Tour Operators –IAATO–) constituye una amenaza para los ecosistemas del continente. Así lo pone de manifiesto el estudio “Valoración del impacto ambiental del turismo comercial sobre los ecosistemas antárticos” –promovido por el Ministerio de Ciencia e Innovación y la fundación abertis–, que propone implementar sistemas para el seguimiento y control de los impactos generados, así como para velar por el cumplimiento de las medidas acordadas en el Tratado Antártico.
En este sentido, la investigación (coordinada por Martí Boada y Javier Benayas, investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), respectivamente) defiende la necesidad de crear una tasa turística para financiar la puesta en marcha de medidas específicas. El estudio ha sido presentado hoy en una jornada organizada por la fundación abertis en CaixaForum Madrid, que ha sido presidida por la secretaria de Estado de Cambio Climático, Teresa Ribera.
El informe analiza los principales impactos producidos por el turismo comercial en la Antártida, que provienen principalmente del coste ambiental de los desplazamientos en emisiones de CO2. El estudio indica que cada visitante genera, aproximadamente, 4,4 toneladas de dióxido de carbono, lo que equivale energéticamente al consumo eléctrico medio anual de un hogar europeo con tres inquilinos.
Asimismo, señala que el transporte marítimo es el causante del 56% de las emisiones, mientras que el transporte aéreo supone el 44% restante.
Otros impactos con menor incidencia, aunque de creciente relevancia, son las alteraciones del comportamiento de la fauna y la flora y los suelos de la zona, las especies invasoras y el calentamiento global. En la Isla Barrientos es donde se han notado los niveles de degradación más notables. A estos se suman otros riesgos potenciales, como los accidentes marítimos, como el que sufrió el crucero MS Explorer en 2007.